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EL CARGAMENTO DE PLATA DE LA FLOTA ESPAÑOLA DE 1715: RECOGIENDO LAS PIEZAS DE UN DESASTRE QUE TIENE 281 AÑOS

The Spanish Plate Fleet La mención de galeones españoles, cargados con tesoros, trae a la memoria imágenes de grandes barcos, deslizándose sin esfuerzo a través de mares peligrosos, con sus velas alzándose sobre grandes olas movidas por el viento, y su popa subiendo y bajando con cada ola. Crea un sentimiento de nostalgia, porque el romance y la adventura se asocian con una forma de vida irremediablemente perdida en el pasado. Ni siquiera los barcos modernos más impresionantes pueden generar el mismo sentimiento de asombro que los galeones despiertan en los corazones de los observadores aún casuales. Es que son representantes de una época en la que el mundo aún no había sido explorado y en la que cada viaje era un descubrimiento acompañado por una mezcla extraña de peligro y excitación. Las preguntas, naturalmente surgen en nuestra mente: ¿cómo eran estas personas?, ¿qué pensaban y qué soñaban?, ¿qué les gustaba y qué les disgustaba?, ¿cómo era su mundo?. Para responder estas preguntas, los arqueólogos tenemos que analizar los artefactos que esa gente ha dejado a su paso. En el contexto de la historia marítima, ésto significa analizar los restos de los barcos que nunca regresaron a sus países, aquellos que se perdieron en tormentas bravísimas o a manos de enemigos implacables.

España consiguió su status como la nación más poderosa en Europa después del viaje de Colón en 1492. El Nuevo Mundo proporcionó la riqueza necesaria para obtener y mantener esta posición durante más de un siglo (Mathewson 1986). Durante este tiempo, España estableció rutas mundiales para el comercio con puertos desde Manila a Perú y en todas las islas del Caribe (Throckmorton 1987). Sin embargo, este poderío no se produjo gratuitamente, ya que la flota española fue el blanco favorito de naciones hostiles y de los corsarios que ellas engendraron. El control de España sobre el Caribe fue un area de contención para las otras naciones europeas, y las guerras que se produjeron como consecuencia del mismo crearon una demanda financiera enorme, dependiente del flujo de oro y plata originado en el Nuevo Mundo. A pesar de que se despachaban galeones con armas acompañando cada flota que contenía algún tesoro, España no podía esperar que su control sobre esta región se mantuviera por mucho tiempo. Las demandas financieras fueron demasiadas y la pérdida de varias flotas debido a tormentas y guerras finalmente dejaron su impacto. El Tratado de Utrecht en 1713 marcó el fin de la última batalla, la Guerra de Sucesión Española, y también el del control exclusivo de España en la región del Caribe (Walton 1994).

Aquí es cuando el relato de una flota con tesoros, la Flota Española de 1715 con el cargamento de plata, comienza verdaderamente. Por medio del Tratado de Utrecht, Felipe V fue reconocido como Rey de España por las otras potencias europeas. Aún cuando el tratado terminó formalmente con las hostilidades, el pasaje del Nuevo Mundo a España seguía siendo traicionero, justificando así la precaución de enviar galeones con armas como escoltas (Walton 1994). Después de firmar el tratado, España tuvo numerosos problemas internos. La resistencia al nuevo régimen de los Borbones, de los que Felipe V era un representante, culminó en el sitio de Barcelona (1713-1714). Cuando se produjo la rendición, tanto la ciudad como la economía de la región de Catalunya estaban en ruinas (Payne 1973). Además, durante las guerras, había sido imposible continuar con el sistema de flotas para el transporte de tesoros del Nuevo Mundo a España, y por ello, las necesidades atrasadas habían aumentado enormemente (Craig 1988). La situación financiera de España fue motivo suficiente para querer reiniciar exitosamente el transporte de tesoros del Nuevo Mundo, pero es probable que Felipe V tuviera otros motivos también.

Felipe V estaba plagado por problemas mentales centrados en dos obsesiones: religión y sexo. Cuando María Luisa de Saboya, su primer esposa, murió en 1714, tuvo que ser arrancado de su lecho de muerte mientras trataba de complacerse con ella, sabiendo que iba a pasar mucho tiempo antes de poder gozar de una mujer sin cometer pecado. Despues de la muerte de María, las cancillerías europeas comenzaron la búsqueda de una nueva reina. Después de siete meses, Felipe V se casó con Isabel Farnese de Parma. Isabel era una mujer de gran caracter, y cuando la condición mental de Felipe evolucionó en ciclos de depresión y soledad, fue Isabel quien comenzó a gobernar España (Bos 1996). Su dominación fue aparente desde el comienzo de sus relaciones, cuando ella se rehusó a consumar el matrimonio hasta que recibiera una dote de joyas (Essig 1996). Es probable que fuera una porción de esta dote la que venía del Nuevo Mundo en el cargamento de plata de los barcos de la Flota Española de 1715. Esto contribuiría a justificar la urgencia con que la Corona esperó la llegada de una flota con el tesoro.

La Flota de 1715 consistía en una combinación de dos flotas, los Galeones de Tierra Firme y la Flota de Nueva España. Florida Location Map Las mismas combinaron sus fuerzas en La Havana, Cuba, el 24 de Julio de 1715, y salieron hacia España el 27 de Julio del mismo año. Navegaron por el estrecho de la Florida y luego a lo largo de la costa Este de Florida hasta alcanzar los vientos que la llevaran a través del Atlántico a su tierra natal, pero nunca llegaron. El 31 de Julio de 1715, la flota fue arrasada por un huracán y arrojada a los arrecifes de la costa Este de Florida, en la zona actualmente comprendida entre Cabo Cañaveral y Fuerte Pierce. Se hundieron los once barcos, y casi la mitad de los tripulantes a bordo (2.500 personas) perdieron sus vidas (Smith 1988). Aún cuando los españoles realizaron tremendos esfuerzos para el salvamento del sitio casi inmediatamente despues de la tragedia, la zona en la que los despojos se habían dispersado era más grande de lo que ellos podían cubrir, y el salvataje no tuvo demasiado éxito. (Ver la Figura 1.1 con un mapa del area donde se hundió la flota.) Algunos de los barcos fueron salvados, pero la mayor parte de la carga se perdió en el mar, donde ha permanecido durante los últimos 250 años.

En la década de 1960, un hombre llamado Kip Wagner organizó una corporación, llamada Real Eight Corporation, con el objeto de ubicar y recuperar el tesoro de la flota de 1715. Desde ese momento, el area ha sido investigada casi constantamente por empresas de salvamento contratadas por la División de Recursos Históricos del Estado de Florida. La organización de Mel Fisher, llamada Salvors, Inc., ha tenido un contrato con el estado de Florida desde hace 13 años (Fisher 1996). Debido a sus esfuerzos, se han encontrado seis de los buques hundidos en 1715, y se han recuperado cientos de miles de artefactos. Los artefactos recuperados son investigados completamente en el intento de aprender más sobre la vida de la gente que vivió durante esa época. A veces, los artefactos producen información sobre la vida diaria de personas comunes, otras nos muestran los excesos de riqueza existentes, y muchas más, ilustran la enorme fe que esta gente tenía en su religión. Cada temporada, los artefactos proveen nueva información valiosa, y este año no ha sido una excepción.

Entre los artefactos recuperados esta temporada, se incluyen algunos artículos particularmente interesantes y casi únicos por varias razones. Entre los mismos se encuentra un anillo de oro de diseño simple (Ver la Figura 1.2 donde se muestra una fotografía de este anillo). Fig1.2: 1996 RingEl mismo fue econtrado en el buque que, en teoría, era la nave almiranta o capitana de la Flota de Nueva España. En el interior del anillo se lee una inscripción que parece consistir de palabras españolas abreviadas y una serie de iniciales. Lo que lo hace aún más interesante, es la semejanza entre la inscripción en este anillo y la inscripción en otro anillo que fue encontrado en 1989, en otro buque hundido perteneciente a la flota de 1715 (Ver Figura 1.3). El material del mismo también sugiere que era la nave capitana o la nave almiranta de la Flota de Nueva España, (aún no se ha determinado con certeza cuál de estos buques era la nave almiranta y cuál era la capitana, pero ambos tienen materiales que sugieren que son una u otra). Fig. 1.3: 1989 RingLas diferencias entre las dos inscripciones son mínimas, y a los efectos prácticos, las dos tienen básicamente el mismo significado. Asimismo, las inscripciones de estos anillos son similares a la inscripción en un brazalete que fue encontrado por un paseante en la playa de la zona donde se encontró el anillo en 1996. Las leyes de Florida dicen que las playas no tienen dueños, y la regla de “Quien fue a Sevilla...” se aplica a los artefactos que son encontrados dentro de su territorio. Por lo tanto, el brazalete no está disponible para la investigación, aunque una fotografía del mismo revela virtualmente una inscripción similar. Ambos anillos tienen elementos que indican el comienzo de la inscripción y las divisiones entre palabras. No se puede asegurar si el brazalete contiene lo mismo. Las inscripciones dicen lo siguiente:

Anillo de oro encontrado en 1989: Z+DIA+BIZ+S+ZB+Z+HGA+BFS++
Anillo de oro encontrado en 1996: Z+DIA+BIZ+SAB+Z+HG+F+BF
Brazalete encontrado en la playa: Z DIA BIZ SAB ZHG BFRS


Las cruces indican el elemento de diseño que separa las palabras abreviadas así como el comienzo y el final de la inscripción (Ver las Figuras 1.4 y 1.5 con fotografias de una porción de estas inscripciones).

Fig. 1.5: Ring - DIA Portion of Interior Inscription

Fig. 1.4: 1996 Ring - DIA Portion of Interior Inscription
Fig. 1.6: Illustration of 1996 Ring Depicting Full Inscription

Ambos anillos son más grandes que otros anillos recuperados de estos naufragios. El anillo más pequeño tiene un diámetro de 18 milímetros. Esto puede indicar que son anillos de hombre (no de mujer). Ambos muestran líneas que parecen ser de soldaduras, lo que sugiere que se añadieron secciones al anillo original. El diseño de ambos anillos es simple y el anillo más pequeño tiene una parte de la inscripción (Z+HGA+BFS) en su exterior (Ver las Figuras 1.6 y 1.7 con los dibujos de los anillos y sus inscripciones). El brazalete tiene toda la inscripción en su interior y una cabeza de animal (posiblemente una culebra u una marta) que completa el círculo del brazalete. Los ojos del animal son de esmeraldas. En resumen, estas joyas tienen tres elementos en común: materiales costosos (oro y esmeraldas), diseños simples e inscripciones semejantes (difieren sólo en lo que parece ser las iniciales). La pregunta ahora es, ¿qué revela ésto acerca de las personas a quienes pertenecieron estos artículos?, ¿eran parientes, acaso hermanos?, ¿eran miembros de una orden religiosa?, ¿eran esposos, forzados por limitaciones de espacio a navegar separadamente en dos barcos durante el viaje de regreso a su tierra natal? La llave para responder a estas preguntas puede estar en el significado de la inscripción, y la identificación de los dueños de estas joyas puede conducir a la indentificación positiva de los nombres de los barcos. Pero, la identificación de los barcos no es lo único importante. Dentro de este proceso de analizar el pasado, también es importante recordar que estos artículos pertenecieron a personas que existieron realmente, de cuyas vidas conocimos poco, pero de cuyas muertes estamos comenzando a entender.

Con un poco de imaginación, es posible recrear la situación por la que pasó esa gente cuando el huracán arrasó con la flota. Las tormentas son comunes en el Océano Atlántico, y es probable que no haya habido mucha inquietud cuando el tiempo comenzó a deteriorarse. Sin embargo, cuando el viento se hizo más fuerte y las olas comenzaron a estrellarse contra la cubierta del barco, el temor debe haber aumentado, manifestándose al principio en forma de pequeños gestos de preocupación acompañados por risas nerviosas, para finalmente convertirse en un crescendo de terror cuando el mar comezó a mecer los otrora poderosos galeones como juguetes de niños. Finalmente, al comprender la naturaleza desesperante de la situación, los pasajeros deben haber subido a las cubiertas altas en un esfuerzo por evitar ser atrapados en galeras cuando los barcos se hundieran. Las únicas posesiones de las que se acordaron en esos momentos fueron aquellas que representaban su fe en Dios, a quien confiaban su salvación. Así, agarrándose de sus rosarios y sus crucifijos, y de cualquier parte del barco lo suficientemente estable como para sostenerlos, se dispusieron a recibir los últimos ritos. Cuando la tormenta creció en intensidad, la flota, orgullosa en otro tiempo, debe haber lucido como una procesión de barcos fantasmas, con sus velas harapientas y sus mástiles rotos. Finalmente, despues de horas de sufrir estos golpes, sacudidos de un sitio a otro a despecho de los intentos desesperados por asegurar los barcos, estas posesiones tan valoradas por los hombres sucumbieron a las fuerzas abrumadoras de la naturaleza. Se destrozaron contra los arrecifes, vertiendo sus cargas preciosas en las profundidades del mar donde todo es consumado. Los que sobrevivieron fueron arrojados a un ambiente hostil. Tal vez los que murieron fueron los que tuvieron mejor suerte. Para los sobrevivientes, siguieron meses de sufrimiento en un mundo con calor asfixiante, insectos que provocaban enfermedades e indígenas hostiles, un mundo donde el sustento y el agua no se encontraban ni se obtenían con facilidad.
Illustration - sinking galleon Lo que quedó de sus vidas nos recuerda la tragedia ocurrida, pero también, nos abre una puerta hacia el pasado. Un buque hundido es en cierta forma diferente a la mayoría de los sitios arqueológicos. El arqueólogo no busca en él restos que fueron abandonados o descartados (como en la mayoría de los sitios terrestres, por ejemplo, ciudades, casas etc.). Tal como en Pompeya, un naufragio es un momento en el tiempo detenido con respecto al futuro. La excavación de un sitio tal puede revelar mucho sobre la vida de las personas relacionadas con el mismo. Con frecuencia se revelan artículos o comportamientos que no han sido registrados por escrito en la historia, o en algunos casos, que hasta contradicen la historia escrita. Además, nos permite ir más allá de la comprensión de nuestro pasado; al formar parte de nuestro presente y posiblemente nuestro futuro podemos simpatizar con el mismo, palparlo y hasta sentirlo como nuestro. Aquí es donde yace verdaderamente el tesoro real de estos galeones españoles.


Catherine M. Ghaiser, arqueóloga de profesión, trabaja en la actualidad con cascos de navíos históricos situados en las costas de Florida, Estados Unidos. Ha realizado trabajos de investigación en localidades prehistóricas habitadas por grupos indígenas norteamericanos y también en civilizaciones pre-colombinas en el Perú. Ostenta un título otorgado por la Universidad Metropolitan State de Denver, Colorado, con una especialización en Antropología. En 1997, iniciará sus cursos de post-grado en Antropología Biológica.


EL CARGAMENTO DE PLATA DE LA FLOTA ESPAÑOLA DE 1715: RECOGIENDO LAS PIEZAS DE UN DESASTRE QUE TIENE 281 AÑOS Copyright © 1996 por Catherine M. Gaither, todos los derechos reservados.

Ilustraciones de Lynda Matthews
Copyright © 1996, todos los derechos reservados.

Fotografias por Bill Moore
Copyright © 1996, todos los derechos reservados.


BIBLIOGRAFÍA CITADA

Bos, Joan N.W. "Mad Monarchs of Spain" on the Internet, 1996.

Craig, Alan K. "Gold Coins of the 1715 Spanish Plate Fleet: A Numismatic Study of the State of Florida Collection" in Florida Archaeology. No. 4. Florida Bureau of Archaeological Research: Florida, 1988.

Essig, H.M. Archaeology Student. Personal Communication, 1996.

Fisher, Taffi. Director, Mel Fisher Museum. Sebastian, Florida. Personal Communication, 1996.

Mathewson, Duncan R. III. Treasure of the Atocha. E.P. Dutton: New York, 1986.

Payne, Stanley G. A History of Spain and Portugal. vols. 1, 2. U. of Wisconsin P.: Wisconsin, 1973.

Smith, Roger C. "Treasure Ships of the Spanish Main: The Iberian-American Maritime Empires" in Ships and Shipwrecks of the Americas. ed. George Bass. Thames and Hudson: New York, 1988.

Throckmorton, Peter. The Sea Remembers. Mitchell Beazley: London, 1987.

Walton, Timothy R. The Spanish Treasure Fleets. Pineapple Press: Florida, 1994.

Related Web Sites

http://www.melfisher.com Mel Fisher Site








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